¡Más que hábitos, necesitamos fe¡

Siguiendo a Dios o siguiendo la corriente: ¡Despierta!

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"No cabe duda que la costumbre, es más fuerte que el amor". Esta frase de una canción popular podría sonar como una sátira hacia muchos hogares que se consideran cristianos. ¿Acaso estamos viviendo nuestra fe por costumbre familiar en lugar de un genuino amor y entrega a Dios?.
Juan el Bautista enfrentó esta misma situación con los líderes religiosos de su época, los fariseos y saduceos (Mateo 3:9). Ellos presumían de ser hijos de Abraham, creyendo que esta herencia les garantizaba un lugar en el reino de Dios. Sin embargo, Juan los desafió a demostrar un verdadero arrepentimiento y una fe auténtica, advirtiendo que Dios podía "levantar hijos a Abraham aun de estas piedras".

La Lucha contra la Ignorancia y el Ego

¿No es esta una poderosa analogía para nosotros hoy? Tal vez hemos heredado una tradición cristiana de nuestras familias, pero ¿estamos realmente comprometidos con un corazón transformado y una vida que refleje las enseñanzas de Jesús? O simplemente seguimos la costumbre, sin una experiencia personal y viva con Dios.
La fe verdadera implica un cambio de corazón y una entrega total a Dios, no solo el cumplimiento externo de rituales.No se trata simplemente de seguir una serie de reglas, tradiciones o rituales externos. Jesús mismo confrontó a los líderes religiosos de su época por su hipocresía y por enfocarse en las apariencias en lugar del corazón (Mateo 23:27-28). Dios mismo, a través del profeta Isaías (43:25), extendió su misericordia y perdón, abriendo el camino hacia una nueva era de gracia en Cristo Jesús. Sin embargo, este perdón no se concede automáticamente por seguir una tradición familiar, sino que requiere un corazón arrepentido y una fe genuina.
A veces nos perdemos de lo importante en esta nueva vida, osea la que tenemos por la GRACIA en CRISTO. En lugar de bucear en las Escrituras para nutrirnos y crecer, nos quedamos atascados en nuestros propios roces y apegos. Es como si nos dejáramos llevar por nuestro lado más terrenal y humano, en lugar de fortalecernos espiritualmente.La verdad es, que todos tenemos nuestras limitaciones y puntos ciegos, pero nuestra CARNALIDAD nos hace ser engreidos y soberbios en determinados momentos.
La ignorancia es osada, y el ego nos aleja de ser llamados hijos de Dios. Deberíamos abrirnos a cuestionar nuestras propias ideas y estar dispuestos a aprender. Así podríamos conectar de verdad con el Espíritu Santo y comprender mejor este camino cristiano. Por lo tanto, es vital que todos, incluso aquellos que provienen de familias cristianas, examinen su fe y se aseguren de que están viviendo de acuerdo con las enseñanzas de Dios de manera consciente y significativa, en lugar de simplemente seguir las costumbres por inercia. Al final, se trata de mantener la humildad, las ganas de seguir creciendo y confiar en que el Señor nos da la fuerza para ello.